OCTAVO E-MAIL
De: "Eleazar" eleazar@eleazar.es
Asunto: En la Corte del Sultán
Fecha: lunes, 09 de julio de 2007
De: "Eleazar" eleazar@eleazar.es
Asunto: En la Corte del Sultán
Fecha: lunes, 09 de julio de 2007
Hola a todos:
Supongo que ya sabéis, y si no os lo digo yo, que en Marruecos es legal tener hasta cuatro mujeres. Eso se encargó de recordárnoslo, hace unos doscientos años, el catalán Alí Bey, que en sus crónicas a Godoy informaba que el sultán del momento, un tal Muley Solimán, tenía considerables gastos "a causa del gran número de sus mujeres e hijos. No puede tener sino cuatro mujeres legítimas, además de las concubinas, pero frecuentemente las repudia para tomar otras nuevas". Pues bien, las cosas siguen siendo de ese modo. Ahora, como entonces, todo el mundo puede tener hasta cuatro mujeres, pero una cosa es la ley y otra muy distinta la realidad. Alí, el jardinero-cocinero que me cuida, no tiene ninguna. A él le gustaría, pero no puede. Como él dice, no gana lo suficiente para mantenerse el mismo, mucho menos para mantener a una mujer. Así que para que Alí pueda tener a cuatro mujeres, he decidido pintarlas. No ha sido tarea fácil, pues para encontrar a alguien en Marruecos que tenga cuatro mujeres hace falta tiempo y paciencia. Y yo no dispongo ni de lo uno ni de lo otro. Pensando entonces en Ali Bey, me he dirigido directamente a la corte del Sultán. He tenido que pasar un gran protocolo, del que omitiré los detalles, pero finalmente he podido hacerlo. Ignoro como los grandes pintores franceses del siglo XIX se introducían tan fácilmente en un harén, a mí me ha costado lo mío, aunque la experiencia ha valido la pena.Como os podéis imaginar, la entrada en el harén, prohibida a cualquier hombre y mucho más si se trata de un cristiano viejo y rancio como yo, que diría el Quijote, ha sido una experiencia inolvidable. Había mucho más de cuatro mujeres. Yo calculo que entre legítimas, concubinas, sirvientas y "mandadas" había más de treinta. Eso sin contar a las que se parapetaban tras las celosías, a las cuales no llegué nunca a ver, pero que según mis cálculos, si tenemos en cuenta el murmullo que se creaba a mi alrededor, debían de ser otras tantas, por lo que sumando a estas las que se encontraban en el palacio de verano, en el de invierno y en el del fin de semana, os puedo decir, sin miedo a equivocarme, que el Sultán, si quiere, no repite alcoba en menos de tres meses. Todo un lujo, o todo un gasto, depende de cómo se mire. Cuando se lo contaba a Alí, él pensaba en el gasto. Para otros, esto no sería ningún inconveniente.En fin, volviendo al harén. Entre tanta mujer, la verdad es que en un principio me ha costado escoger a cuales de ellas iba a retratar. Al final ha sido más fácil de lo que pensaba, pues ha sido el propio Sultán el que me lo ha indicado. Para eso es el jefe. Ha escogido a cuatro de ellas, de las que os adjunto sus imágenes. Las cuatro tienen un cometido especial dentro del harem. De momento he pintado a la "Odalisque de la Serena y Eterna Poesía", la "Odalisque del Bell Canto", la "Odalisque de la Vibrante Música" y la "Odalisque de la Sensual Danza".
Supongo que ya sabéis, y si no os lo digo yo, que en Marruecos es legal tener hasta cuatro mujeres. Eso se encargó de recordárnoslo, hace unos doscientos años, el catalán Alí Bey, que en sus crónicas a Godoy informaba que el sultán del momento, un tal Muley Solimán, tenía considerables gastos "a causa del gran número de sus mujeres e hijos. No puede tener sino cuatro mujeres legítimas, además de las concubinas, pero frecuentemente las repudia para tomar otras nuevas". Pues bien, las cosas siguen siendo de ese modo. Ahora, como entonces, todo el mundo puede tener hasta cuatro mujeres, pero una cosa es la ley y otra muy distinta la realidad. Alí, el jardinero-cocinero que me cuida, no tiene ninguna. A él le gustaría, pero no puede. Como él dice, no gana lo suficiente para mantenerse el mismo, mucho menos para mantener a una mujer. Así que para que Alí pueda tener a cuatro mujeres, he decidido pintarlas. No ha sido tarea fácil, pues para encontrar a alguien en Marruecos que tenga cuatro mujeres hace falta tiempo y paciencia. Y yo no dispongo ni de lo uno ni de lo otro. Pensando entonces en Ali Bey, me he dirigido directamente a la corte del Sultán. He tenido que pasar un gran protocolo, del que omitiré los detalles, pero finalmente he podido hacerlo. Ignoro como los grandes pintores franceses del siglo XIX se introducían tan fácilmente en un harén, a mí me ha costado lo mío, aunque la experiencia ha valido la pena.Como os podéis imaginar, la entrada en el harén, prohibida a cualquier hombre y mucho más si se trata de un cristiano viejo y rancio como yo, que diría el Quijote, ha sido una experiencia inolvidable. Había mucho más de cuatro mujeres. Yo calculo que entre legítimas, concubinas, sirvientas y "mandadas" había más de treinta. Eso sin contar a las que se parapetaban tras las celosías, a las cuales no llegué nunca a ver, pero que según mis cálculos, si tenemos en cuenta el murmullo que se creaba a mi alrededor, debían de ser otras tantas, por lo que sumando a estas las que se encontraban en el palacio de verano, en el de invierno y en el del fin de semana, os puedo decir, sin miedo a equivocarme, que el Sultán, si quiere, no repite alcoba en menos de tres meses. Todo un lujo, o todo un gasto, depende de cómo se mire. Cuando se lo contaba a Alí, él pensaba en el gasto. Para otros, esto no sería ningún inconveniente.En fin, volviendo al harén. Entre tanta mujer, la verdad es que en un principio me ha costado escoger a cuales de ellas iba a retratar. Al final ha sido más fácil de lo que pensaba, pues ha sido el propio Sultán el que me lo ha indicado. Para eso es el jefe. Ha escogido a cuatro de ellas, de las que os adjunto sus imágenes. Las cuatro tienen un cometido especial dentro del harem. De momento he pintado a la "Odalisque de la Serena y Eterna Poesía", la "Odalisque del Bell Canto", la "Odalisque de la Vibrante Música" y la "Odalisque de la Sensual Danza".
Me quedan por pintar la "Odalisque de todos los Secretos del Harem" y la "Odalisque de los Placeres Ocultos del Sultán". Esta última me tiene un poco intrigado, pero no solo porque sea la preferida del sultán, que lo es, sino por su difícil encuadre dentro del harén. No lo veo claro. Es la única que hace lo que quiere. Entra y sale del harén a su capricho, interrumpe al Sultán cuando le viene en gana, y lo que es más intrigante: viste como quiere, con los colores que quiere. Y eso es bastante chocante teniendo en cuenta que el resto, por así tenerlo indicado el sultán, tienen que vestir prendas de color rojo. Todas las bragas, si os fijáis en las imágenes, son rojas, y el resto del equipo, dentro de la gama. El propio Sultán se pasea entre sus mujeres con un tanga de color rojo y a mí me obligó a que hiciera lo mismo si quería pintarlas. Al principio dude si aceptarlo o no, pero después acepté y, sinceramente, no me arrepiento de haberlo hecho. No me sentaba nada mal. La foto que me hice la tengo en el ordenador, y si de verdad queréis verla os la envío sin ningún pudor. Me ha gustado la experiencia.Un abrazo para todos, Eleazar
P.D.: Los cuadros tienen unas dimensiones, cada uno, de 170x65. Ha sido un placer pintarlos y espero que el Sultán me invite de nuevo a su corte, para seguir experimentando. Alí también ha quedado contento pues durante unos días ha tenido a cuatro mujeres junto a su alcoba, y, como él dice, sin costarle un dirham.
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