Como todo el mundo sabe, por estas tierras estuvieron hace ya algún tiempo, entre otros, Matisse y Delacroix. El primero pintó mas de sesenta piezas entre dibujos y lienzos, en donde alcazabas, interiores, cafetines, etc., le ayudaron a descubrir una nueva visión del mundo oriental exaltado hasta entonces. Con Delacroix, anterior a Matisse pero igualmente influyente en pintores de su generación, el tema preferido fue el de bodas y fiestas. Ninguno de ellos, al parecer, tuvo que visitar al peluquero, y mucho menos al dentista. Y si lo hicieron, no hay crónica que recoja tal hecho. Algo lamentable, pero así son las cosas.Pues bien, dice un viejo proverbio chino, bueno, en realidad me lo dijo una vez un taxista en el aeropuerto del Prat, que lo mejor para viajar por el mundo es conocer, como mínimo, los números. Que él había estado en medio mundo y nunca había tenido un problema. De la realidad de tal afirmación he podido dar buena cuenta de ello durante esta semana. En Marruecos hay un 60% de analfabetismo, y esto, a la hora de relacionarse con ellos, se nota. Sobretodo cuando uno tiene que dar explicaciones de qué es lo que le pasa, o qué es lo que quiere. Y eso es justamente lo que a mí me ha ocurrido. Me explico.Durante todo el tiempo que llevo en Marruecos, ya casi un mes, apenas he salido de la casa aislada en la que me encuentro *. No ha habido ni grandes fiestas, ni bodas, ni celebraciones. Cafetines mas bien pocos. Es decir, no he tenido, ni mucho menos, los grandes temas que los grandes maestros tuvieron a su disposición. Sin embargo, modestia aparte, eso no ha sido ningún problema, pues como diría Gauguin, "la actividad artística se encuentra básicamente en el coco". El lo dijo con otras palabras, pero vino a decir prácticamente lo mismo.Es decir, que los grandes temas, o no existen, o se han acabado. Cualquiera sabe. El caso es que lo que yo tengo ahora mismo son problemas. Menores, pero problemas al fin y al cabo. Que si me duele una muela, que si me tengo que cortar el pelo... y eso significa tener que salir de casa. Posiblemente no sean grandes temas, pero la visita a un peluquero o a un dentista, aunque no sean temas muy orientales, pueden convertirse en una buena ocasión para tomar el pulso a la realidad del día a día. Así que me he propuesto hacerles un retrato. Las odaliscas, los harenes y los desnudos mas o menos exóticos, he pensado, pertenece a un mundo que se nos ha ido. La realidad, hay que aceptarlo, es otra. Además, me he dicho, de todo esto la pintura ya está suficientemente abastecida.Al primero que he visitado ha sido al peluquero. Me ha hecho un corte que aquí lo llaman, o más bien lo llamaban, "A lo Jimmy Hendrix". Ahora simplemente dicen "Un especial del nº 15", que consiste en que te rizan el pelo y te ponen laca. Nada que objetar. Sabía perfectamente lo que me iban a hacer y lo he consentido. No ha sido una experiencia precisamente mística, pero debo reconocer que me ha gustado.
Después me he ido a tomar un té a la menta para exhibir ante la parroquia mi nuevo look. Un éxito. Sin embargo, con el dentista, la cosa no ha sido ni tal fácil ni tan glamourosa. Me ha costado mucho indicarle que tipo de muela era la que me dolía y que era exactamente lo que me pasaba. Cuando he logrado hacerme entender, eligiendo entre unos dibujos de muelas la que yo creía que me molestaba, el dentista ha sacado unas tenazas y ahí se ha terminado toda nuestra relación profesional. He puesto pies en polvorosa y me he ido lo más rápido que he podido. Parece ser que el dolor de muelas que yo tenía era del numero cinco, y eso, significaba la extracción. De momento, le he dicho a la enfermera cuando salía, prefiero esperar. Creo que Matisse, Delacroix, Fortuny, Pavil, y tantos otros, lo tenían más claro que yo. La próxima semana toca odaliscas... Y si no las hay, me las invento.
Por cierto, la laca que me puso el peluquero no debía de ser muy buena, pues ha durado justo lo que ha durado la visita al dentista. Los pelos se me han puesto de punta, así que vuelvo a tener el pelo tal y como lo tenía. En realidad no me parece tal mal, pues tanta simbiosis con el entorno puede hacer que me pase el día metido en la mezquita ¿y entonces cuando pinto? Un abrazo para todos,
Eleazar
P.D.: Os adjunto las fotografías de los dos cuadros que he pintado para dar cumplido testimonio de lo que os cuento "Chirurgien Dentiste" y "Coiffure", ambos con unas dimensiones de 167 x 126 cm.
*Salvo las visitas que os he mencionado en los e-mail anteriores, todas ellas ante testigos de reputado prestigio.
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