jueves, 18 de septiembre de 2008

3-Visitando los Hammans

TERCER E-MAIL
De: "Eleazar" eleazar@eleazar.es
Asunto: Visitando los Hammans
Fecha: sábado, 02 de junio de 2007

Hola a todos:
Os agradezco profundamente los ánimos que he recibido de muchos de vosotros. Son un verdadero aliciente para continuar pintando, y hacerlo con todas las energías de las que soy capaz. Mis mas sinceras gracias. Os tengo a todos presentes.

Bien, en otro orden de cosas, y a modo de epistolario de mi estancia en Marruecos, os tengo que informar, que, como es lógico, he visitado un Hammam. El recuerdo que tenia de un Hamamm se remonta a hace unos diez años. Estaba yo en Argel, con un amigo que puede dar buena cuenta de ello, esperando encerrado en un hotel para coger un avión con destino a Mali. Era la época del FIS, que cada día llevaba a cabo una matanza, y la media no bajaba de los cien muertos. Con saña especial, como si fuera un deporte, se dedicaban a la búsqueda del extranjero, pues esto les suponía, supongo yo, además de publicidad, un plus especial de lo que fuera. El extranjero cotizaba alto. En estas condiciones, recluidos en el hotel y con escolta (y todo por ahorrarnos cien euros del avión) tuvimos que salir a la calle a la búsqueda de un practicante, pues era ineludible tenernos que poner una inyección. En estas estábamos, cuando por un error, nos equivocamos de puerta y en vez de abrir la puerta del practicante lo que abrimos fue la puerta de un Hammam, que, para nuestra sorpresa, y supongo también que para ellas, ese día el Hammam estaba lleno de mujeres. Era el día de las mujeres. No os quiero ni contar las expresiones que pusieron, los gritos que dieron, y, sobretodo, la carrera que nos dimos. Por supuesto la inyección no nos la pusimos y no me cabe la menor duda que aún nos andan buscando.

Pues bien, cuando aún me resuenan en los oídos los gritos de aquellas mujeres, debo de reconocer que las cosas han cambiado. Ahora estoy en Marruecos, aquí no hay FIS, y, antes de abrir una puerta, llamo. Y aún mejor, cuando uno dice que es artista entonces todo cambia. Se abren todas las puertas, se le invita a uno a pasar y no se pone el menor inconveniente a ninguna cosa. Eso es justo lo que ha ocurrido. Enterados, como están, que hay un artista en el pueblo, me han abierto las puertas del Hammam y me han invitado a que con toda tranquilidad tomara todos los apuntes que fueran necesarios. Y eso es justo lo que he hecho. He pintado un cuadro de grandes dimensiones: "Tous les femmes aiment le Hammam", de 320 cm de largo por 150 cm de alto. Me ha llevado prácticamente toda la semana, pero la experiencia ha valido la pena. Os adjunto foto.

Como quiera que las noticias corren, cuando terminé el cuadro, me llamaron de Casablanca. Alguien, que no he podido averiguar quién, quería que le hiciera un retrato. Me llevaron en limousine hasta un Hammam a las afueras de la ciudad, y allí, para mi sorpresa, me encontré con la mujer más bella que mis ojos han contemplado en toda su vida. Se trataba de una belleza natural, nada sofisticada, que sin ningún pudor, se ofrecía desnuda ante mi vista (empiezo a pensar que esto de ser artista tiene sus compensaciones). Cuando terminé el trabajo, que yo traté de retrasarlo para continuar con tan excelente vista, la mujer, que no se quitó el velo en todo el rato, me preguntó como iba a titular el cuadro. No tarde ni un segundo en contestarle que "La femme du Hammam. Venus de Casablanca", pues eso era ella para mí, una Venus en medio de la mas absoluta... necesidad. Ella entonces sonrió y me invitó a que compartiera con ella unas manzanas. El resto me lo guardo para mí. Aunque estuvimos solos todo el tiempo en una habitación de grandes dimensiones, tuve la extraña sensación, no me lo podía quitar de la cabeza, que nos espiaban. El cuadro se quedó allí, con ella. Tome una foto del mismo, que os la adjunto, como prueba y testimonio de lo que os cuento.

Cuando salí de tan magnífico lugar, la limousine me estaba esperando para trasladarme hasta la casa en donde me tenían que pagar por el trabajo hecho. Si por la mañana había tenido una agradable sorpresa, por la tarde no iba a ser menos. Quien había realizado el encargo, que ahora me pagaba, se trataba, ni más ni menos, que del Pacha de Casablanca. ¡La Hostia!, pense, acabo e llegar y ya me estoy codeando con la realeza. El Pacha, que me recibió como su madre lo trajo al mundo, le dijo a uno de sus lacayos que me pagase la suma de dinero que le pidiera, y después, encendiendo un cigarrillo de marca nacional, me dijo que él también quería un cuadro. Se recostó en un diván, se hizo traer té, y así, de este modo, fumando un cigarrillo tras otro, estuvo posando algo más de cuatro horas, que a mí se me hicieron eternas, pues había oído decir que si el Pacha no quedaba contento con el encargo, lo normal es que a uno le cortaran la cabeza. Me esforcé todo lo que pude, y en el terrible momento de mostrarle el resultado, soltó una carcajada enorme y me dijo que, si bien el trabajo era excelente, para su pesar, ese día no se había afeitado, por lo que me convocaba para una segunda ocasión, que esta vez le pillaría en perfectas condiciones. Yo, sinceramente, lo pongo en duda, pero para el caso da lo mismo, afeitado o no, si al Pacha no le gusta tu trabajo, te la juegas. Salí de allí como pude y a punto estuve de dirigirme a la Embajada Española para pedir una urgente evacuación. No lo hice, pero dudo que esté haciendo lo correcto. Os adjunto foto del cuadro. Como el anterior tiene unas dimensiones de 160 x 110, y su título, como no podía ser otro: "L'Homme du Hammam. El Pacha de Casablanca".

Eso es todo de momento. No quiero aburriros más. Si alguno quiere darse de baja en esta comunicación vía e-mail, cumpliendo la legislación vigente sobre correo no deseado, basta que me lo comunique para proceder a lo mismo. De nuevo un saludo y un abrazo para todos,

Eleazar

P.D. Agradezco enormemente cualquier colaboración vuestra en orden a corregir las posibles faltas de ortografía que tuviera en el idioma francés con el que ahora escribo en mis cuadros. La semana pasada ya cometí un par de ellos, que he tenido que corregir, por lo que sí veis que esto ocurre, no dudéis en decírmelo. Me hacéis un gran favor, no tengo ni idea de francés, y Alí, el cocinero-jardinero, y ahora amigo, que me acompaña, aunque hace un gran esfuerzo, la verdad es que no siempre da en el clavo. Os adjunto también dos fotografías de sus dos últimos cuadros.

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